Es increíble lo rápido que cambian las cosas, antes de los disturbios de agosto allí se encontraba un encantadora cafetería frente a un verde parque, perla en la concha de concreto que era Manizales, donde jugaban los niños en compañía de los ancestros arrieros inmortalizados en granito y mármol. En su lugar, ahora es una cárcel de máxima seguridad. De lo poco que sobrevive de la vieja calle queda el puestecito de dulces atendido por un anciano calvo, homo fóbico, obsesionado con las caderas de las transeúntes jóvenes.
En su pedacito de madera vieja y plástico manchado, apenas vende unas paletas retorcidas, algunas imágenes icónicas y por encargo de los guardas, salchichón del Valle.
Lo único que lo mantiene ligado al mundo moderno es un foco amarillento tambaleante, siempre a pinto de apagarse, y un pequeño televisor a blanco y negro que capta a esa hora una vieja película de acción de aquella actriz ahora desaparecida en los desiertos de Arabia que en los tiempos de antaño le hacía babear encima.
Allí estaba Angelina Jolie mirando con desprecio a un hombre que la tiene atada de pies y manos a una silla, detrás se vislumbran las paredes de un calabozo apenas iluminado por el rayo de luna que penetra entre las rejas; el tipo es un multimillonario megalómano y despiadado. No hay escapatoria, Jack, su amigo de aventuras ha caído a un abismo que lo ha devorado, sus armas, aquellas que su padre le dio cuando era niña en Navidad están en manos del enemigo quien continúa monologando sobre el intrincado plan que lo llevó a estar en su posición privilegiada.
Entonces, la cámara hace un acercamiento vertiginoso a la cara de Lara (Angelina) y sus prominentes labios se humectan con la saliva de su lengua y en medio de la situación más desesperada concebida por una estrella de Hollywood dice: “Este mundo es muy pequeño para nosotros dos”.
Amézquita
Realmente mágico (A propósito de los 40 años)
- Si no se lee “Cien años de soledad” ¡no lo dejo graduar! -
Me advirtió mi padre mientras contemplaba un libro de Tolkien tumbado sobre el sofá y pensando a quién invitaría al Prom. del colegio.
Alarmado, busqué al otro día una vieja edición que estaba en la biblioteca de la casa y me senté a leer con cierto desaire, aquel amarillento libro de letra menuda y alrededor de 470 páginas.
Hice cálculo del tiempo que me tomaría en leerlo lo más pronto posible, pues en una semana me estrenaría el vestido de grado y la advertencia parecía muy seria.
- Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel… huy! que rico una limonada. – Comencé –…Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…Y con hielo!!-
Varias limonadas después pasaron frente a mí gitanos maravillosos que atraían el oro con poderosa hechicería llamada magnetismo, barcos capacitados de navegar por la tierra y que encallan en la nada, tazas de chocolate a las que el mismo Dios daba la virtud de levitar a quien las beba, aparatejos para no olvidar el nombre de las cosas en tiempos de insomnio, pergaminos indescifrables que contenían la verdad del universo, casas pintadas de azul y de guerra, sangre que recorre las calles, pescaditos de oro, mujeres de belleza mortal, el tiempo dando vueltas en redondo, fusiles y fusilados, el sol sobre los tejados de zinc, mariposas amarillas, doscientos vagones de muerte y banano, lluvia, silencio, Macondo, Soledad.
- Al fin!! – Dije. Me tomó más tiempo del previsto terminarlo y lo abandoné con alegría sobre la mesa de la que nunca se movió sino para morir en las fauces de un perro literato.
Amézquita
Editorial
Cuando me senté a escribir la editorial para esta edición especial del periódico mural, dedicada a Tama, Juli, DJ, chino, parcero, mijo, hermano… como quiera llamarlo, encontré realmente difícil qué palabras debería usar para hacerle un homenaje adecuado.
En principio porque lo conozco desde la niñez y sé que se necesita un gran esfuerzo verbal o un buen problema matemático para ponerlo sentimental, o quizás sería mejor darle un puntapié mientras jugamos al baloncesto para sacarle alguna lágrima, aunque sea de la piedra, ya habrá tiempo para eso.
También he detectado el aprecio que las demás personas le tienen por su refinada sencillez, yo no le llamaría así, prefiero verlo como alguien que maquina en sus silencios la manera en que dominará el mundo, ¿quién sabe que artimañas hipnóticas tienen sus canciones electrónicas?, ¿Cuáles serán los verdaderos ideales detrás de esos lentes tan brillantes?, ¿Será que podremos ser parte de su gabinete de gobierno?
Creo que lo mejor es un pequeño reconocimiento a su importante labor dentro de la Fundación y subsidiaria Organización, que le agradece su activa capacidad para cansar a los niños durante los momentos de recreación en un infinito ritual de ¡Alto ahí!, su inquebrantable apetito incluso en momentos en que el reto parecía sobrehumano, sus inolvidables aportes como un inodoro en la pared o el saludo de mano más retorcido del mundo y por supuesto sus escritos que durante más de dos años han adornado un espacio del que se apropió y luchó por él con capa y excalibur, por supuesto el periódico mural Mente en Blanco.
A nombre de todos los que lo conocemos le doy mi admiración por ser un guerrero incansable que no se deja achicopalar por nada, un buen ciudadano que respeta su vida y su entorno y un buen amigo de esos que pocos quedan.
Amézquita
Palabras desde el exiliecito
Es probable que alguna persona de las que han oído hablar de mi se pregunten dónde estoy, o por lo menos dónde he estado mientras todavía estaban allí sin mí.
En este momento no sabría decirles dónde estoy porque no sabría donde estaré ahora que lo preguntan, pero puedo afirmar que en el tiempo que no he estado (“sido” dirían también algunas lenguas) con ustedes sí he sido alguien, alguien que ha perdido la fe en los trabas, que se ha cansado de divagar y no soporta redundar en sus palabras.
Cuando me senté a escribir este discurso, lo digo en pretérito para que no haya posibilidad a equívocos en el futuro; tengo que asumir que se preguntaban dónde estoy, suponiendo que vuestra capacidad de imaginar es lo suficiente/mente clara, les describiré una imagen mental que les ubicará en la posición en la que normalmente me encuentro mientras no estoy con ustedes, aunque quizás la palabra “posición” no sea del todo correcta, pues ahora (entonces) estoy (estuve) sentado (sentado) como indicativo de mi posición.
En fin, sin más rodeos (o ninguno mejor), les daré una descripción de las condiciones contextuales en las que regularmente me he encontrado durante el lapso de tiempo subjuntivo en el que me he ausentado de la presencia del lector, aunque ahora que lo pienso creo que lo anterior lo he mencionado varias veces así que olvídenlo.
Normalmente estoy erguido, con mirada fija, rodeado de cosas de múltiples formas y colores, respirando, a veces hablando y a veces en silencio (no recuerdo si susurrando, pero supongo que también), he dormido lo suficiente y he visto algunos capítulos repetidos de los Simpson.
Pero imagino que como curiosos lectores (lo suficiente como para llegar a éste punto del discurso) se preguntan en qué estoy pensando. Qué ideas se maquinan en mi mente que me hacen pensar en mi ausencia, la misma ausencia del abajo firmante, pues bien, la verdad es que he extraviado los lazos que me ligaban a ustedes (y digo que he extraviado porque se me perdieron) y esos lazos son la empatía con la niñez y la ruptura con la razón para estar feliz.
Aquí termino, no porque no quiera escribir más hilaridades, sino porque un siempre me han gustado los finales tristes.
Amézquita
AMOR...
Como un primer proyecto para promover la participación activa de los jóvenes de la organización jóvenes del paseo y en marco de las festividades de amor y amistad junto con las actividades próximas de los juegos florales, quisiera presentar un poema (o lo que sea, pues el arco y la lira mas que respuestas, planteo las grandes preguntas sobre la poesía) dedica do a la sustancia Psico-activa por excelencia: el AMOR.
Parecemos como aquellos que se van a amar
Aromas distintos que se mezclan
Como dinastías continuas al mismo reino
Que hambrientas se disputan el reino
Parecemos como aquellos que se aman
En la intimidad dibujamos meridianos invisibles
Desconocidos que a tientas se cruzan en la calle
Cuchillos que no hieren pero cicatrizan
Parecemos como aquellos que se han amado
El fantasma del tedio que se nos adelanta
Excusas, retrasos, dolores de cabeza
Miradas cada vez más casuales
Parecemos como aquellos que se odian
Una huella donde antes habría una flor
O por lo menos una mariposa
Un ensayo de la muerte
Parecemos como aquellos que van a vivir….
Amézquita
ENTREVISTA SOÑADA CON ENRIQUE BUNBURY
Quizás era un sueño, de que otra forma podía explicar la situación en la que me encontraba. Puedo recordar que hace unos instantes estaba leyendo en la prensa otra incursión de Israel en Líbano, de repente me encontré caminando en la habana bajo un sol inclemente y junto a mi estaba Enrique Bunbury.
- seguro es uno de esos sueños en los que conciente bajo la inconciencia te permite razonar, el mismo que te avisa cual es tu casa cuando estas borracho – pensé y me reí
- ¿Qué es tan gracioso? – Pregunto Bunbury con su voz grave sin voltear a mirarme. Llevaba unas inmensas gafas negras y un traje rojo muy elegante a pesar del calor.
No le respondí.
- Señor Enrique… ¿puedo llamarlo así? –
- No –
- Bueno… - No me intimidé, al fin y al cabo era un sueño. Mi sueño.
- ¿Para donde vamos?
- A la pulpería de lucita chaval – Respondió mientras se prendía un puro, tampoco voltio a mirarme esta vez. Seguimos caminando por las calles estrechas.
Recordaba muy bien esa canción, nunca he sabido muy bien que es una pulpería, pero lo entendía como una especie de burdel, así que me inquiete un poco, pensé en pedirle explicaciones pero otra duda rondaba mi cabeza y esta era la oportunidad para preguntar antes de despertar:
- ¿tiene hijos señor?
Medito un instante, no entendí por que: - No – respondió – nunca tuve tiempo para ello, aunque si muchas causas – Sonrió para si – además los judíos barbudos tienen muchas reglas con los niños y me gusta estar atado solo por la libertad –
- se ve que le gusta hablar de mas - pensé mientras recordaba aquella canción que dice “… yo no sufro de locura, la disfruto a cada momento…” me impacto tanto que la pegue en la alcoba.
- ¿Por qué es usted judío señor?- le pregunte.
- por que así nací y tengo una cicatriz para probarlo – esta vez se rió a carcajadas y el humo Salía a borbotones de su boca.
No entendí la gracia, pero me reí con el de todas formas, entonces se me ocurrió una pregunta ahora que estábamos en confianza, si es que eso es posible con un personaje de inventiva.
- señor, en la “decadencia” de héroes ¿Qué quiso usted decir con la frase “la decadencia esta prohibida”?
Paro de reírse y volvió a meditar, luego dijo: - termina la fresa chaval – Exigió.
Me tome el tiempo en recordar la canción y por fin dije: - “…la decadencia esta prohibida en tu mente.”-
- Exacto, ahí lo tienes -
No me conformó mucho esa respuesta, así que me dispuse a revirarle pero fue el quien hablo primero:
- ¿Te gusta Rubén Darío? - Pregunto
- No. Le gusta Benedetti? – Dije
- Ese si que era un hombre especial… -
- ¿Benedetti? –
- ¡No tío! Rubén Darío. – esta ves si volteo a mirarme, me impacto lo grande que era. – fue llamado “el embajador del modernismo” por que adonde quiera que viajaba tomaba los nuevos movimientos literarios y los amoldaba a su propio estilo –
- Igual que usted ¿No? –
- Precisamente, No te imaginas los lugares que he visitado en busca de inspiración, por que después de cuarenta años de carrera musical realmente las necesitas. A propósito, ¿de donde eres chaval? –
- Soy colombiano – Siempre quise decir eso.
- Ah si, he estado un par de veces por allá, incluso hice una cumbia ¿sabias? –
- “mi corazón es una bolita de trapo” es una de mis favoritas señor – Conteste.
En este punto, justo cuando íbamos a cruzar la calle se acerco a nosotros un señor como de treinta con pinta de turista, se veía muy emocionado, como sospeche le pidió un autógrafo a Bunbury y una foto que tome ha pedido del señor que era de origen español. Lo que me hizo pensar que yo también debía pedirle uno. No todos los días se sueña col alguien de esa forma.
- mejor que eso – respondió a mi petición – Cantemos juntos, ¿cual te sabes?- Pregunto mientras recogía una guitarra que se encontraba recostada en la pared.
Emocionado empezamos a cantar “Alicia en el país de las maravillas”, de ahí pasamos a “contar contigo”, “lady blue”, incluso la versión de “hasta siempre comandante” donde se oía el ¡comandante Ché Guevara! Detrás de los portones.
Al fin cayo el atardecer y Bunbury interpreto “One Night” de Elvis Presley, se oyeron aplausos.
Hipnotizado como estaba, no me percaté de que el reproductor se detuvo, desperté por fin y me quite los audífonos. El sol se escondía tras las montañas…
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